Archive for May, 2010


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En un estudio a largo plazo, los adolescentes tenían mejores puntuaciones de logros académicos

Por Karen Pallarito
Reportero de Healthday

VIERNES, 14 de mayo (HealthDay News/DrTango) — Elegir una buena fuente de atención infantil hace una diferencia no sólo en los años preescolares, sino también cuando el niño llega a la adolescencia, según sugiere una investigación reciente.

A los quince años, los niños que habían recibido una atención de mayor calidad puntuaron mejor en pruebas de logros cognitivos y académicos que sus pares que recibieron una atención de calidad más baja, según encontró el estudio. La mejora fue comparable con la observada antes entre niños de cuatro años y medio de edad que entraban a kínder y que tenía una atención de alta calidad.

“Parece que los niños conservan esa pequeña ganancia que observamos antes del kindergarten, una mejora pequeña, pero que cuenta”, aseguró la autora del estudio, Deborah Lowe Vandell, profesora y catedrática de educación de la Universidad de California en Irvine.

Esa ventaja académica se observa a través del espectro socioeconómico, desde los niños más ricos hasta los más pobres, lo que sugiere que “realmente hay algo que da a los niños un pequeño impulso en términos de preparación para la escuela”, añadió James A. Griffin, subjefe de la Rama de desarrollo y conducta infantiles del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver de Rockville, Maryland.

El estudio es el primero en documentar los efectos a largo plazo de la atención infantil no relacionada con parientes en una población diversa, según la Society for Research in Child Development, que edita la revista Child Development. Los hallazgos aparecen en la edición de mayo y junio.

En cuanto a los padres, el estudio debe darles algo de consuelo.

“Si se puede obtener una atención infantil de mejor calidad, es algo positivo. Si a veces no es la mejor de todas, no es una tragedia”, apuntó W. Steven Barnett, codirector del Instituto Nacional de Investigación en Educación Temprana de la Universidad de Rutgers en New Brunswick, Nueva Jersey.

Sin embargo, Barnett sugiere que la muestra del estudio, que incluyó atención con sede en centros, atención prestada en el hogar del niño por un cuidador que no era su pariente, y atención provista en el hogar de otra persona, tal vez no represente todo el rango de calidad. Cita investigaciones que muestran efectos iniciales más contundentes en programas de educación preescolar diseñados específicamente para ayudar a los niños a prepararse para el aprendizaje.

Explicó que mayores diferencias en la calidad de los programas infantiles de preparación resultarán en mayores diferencias en los resultados académicos.

Los 1,364 niños del estudio habían sido evaluados de forma periódica desde el mes de edad como parte del Estudio de atención infantil temprana y desarrollo juvenil, el estudio más completo y de mayor duración sobre la atención infantil en EE. UU.

Para determinar si los efectos de la calidad de la atención infantil persistían en la adolescencia, y si emergía algún efecto nuevo, los investigadores examinaron la calidad de la atención, el número de horas que el niño recibía atención, y el tipo de atención.

La calidad se definió en términos de la calidez, la sensibilidad a las necesidades de los niños y la estimulación cognitiva que los cuidadores prestaban a los pequeñines.

Aunque el estudio siguió a las experiencias de los niños, no fue diseñado para determinar causa y efecto.

El análisis actual tampoco evaluó los resultados de los adolescentes según habían recibido o no atención infantil. Pero informes anteriores del estudio mostraron que los niños que recibían atención infantil de forma rutinaria puntuaban más que los niños que no, apuntó Vandell.

Además de mejores puntuaciones, la atención de calidad también se asoció con menos problemas conductuales a los quince años.

Por otra parte, los adolescentes que habían pasado más tiempo en atención infantil reportaban más conductas de toma de riesgos e impulsividad frente a los que habían pasado menos tiempo.

“Creo que la advertencia aquí es que no sólo los efectos son pequeños, sino que relativamente hablando, el número de conductas impulsivas y de toma de riesgo autorreportadas por estos jóvenes era relativamente bajo”, advirtió Griffin.

En otro estudio que aparece en la misma revista, los investigadores midieron los niveles de la hormona del estrés cortisol en 150 bebés de tres y cuatro años de edad, la mayoría blancos, de familias de clase media, que asistían a una guardería hogareña con licencia todo el día.

Frente a los niveles de cortisol en casa, los niveles de cortisol de 40 por ciento de los niños estaban suficientemente elevados en la guardería para indicar que sufrían de estrés.

Los aumentos en el cortisol fueron mayores en situaciones en que los cuidadores se mostraban intrusivos o controladores. Las niñas con los mayores aumentos actuaban de forma ansiosa y cautelosa en la guardería, mientras que los niños se mostraban enojados y agresivos.

“Estos hallazgos indican que la conducta del proveedor de atención se asocia tanto con qué tan bien funcionan los niños en la guardería como con el nivel de elevación del cortisol”, advirtió en un comunicado de prensa la autora del estudio Megan R. Gunnar, de la Universidad de Minnesota.

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Hablar con mamá por teléfono puede aliviar el estrés de la hija

Written by post on Thursday, May 13th, 2010 in Familia.

Un estudio halla que su voz funciona tan bien como un abrazo para regular hormonas en los cerebros de las chicas

MIÉRCOLES, 12 de mayo (HealthDay News/DrTango) — Para las hijas en busca de una influencia reconfortante, escuchar el relajante sonido de la voz de su madre por el teléfono puede suscitar tanto estrés inducido por las hormonas como un abrazo real, según revela una investigación reciente sobre la química cerebral.

La conclusión surge de una revisión comparativa sobre cómo podría conducir la comunicación vocal a cambios en las cantidades de dos hormonas que ocurren naturalmente que tienen que ver con la regulación de la ansiedad y el estrés.

Según los científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison, las hijas estresadas experimentan una reducción igualmente significativa en los niveles de cortisol, una hormona del estrés luego de la exposición al toque o a la voz de la madre.

Al mismo tiempo, los investigadores hallaron que cualquiera de las dos formas de intervención materna pareció estimular una variación simultánea en los niveles de oxitocina, la llamada “hormona del amor”.

Se observó el hallazgo entre un grupo de niñas entre 7 y 12 años que se confrontó inicialmente con la resolución de una serie de problemas matemáticos y con intervenir públicamente frente a extraños. La tarea promovió un aumentó en los niveles de cortisol y el inicio del estrés.

Posteriormente, los niños fueron divididos en tres grupos, uno que recibió consuelo personal de sus madres, otro que habló con su madre por teléfono y un tercero que vio un video de 75 minutos diseñado para no suscitar una respuesta emocional.

El resultado fue que tanto el contacto materno personal como telefónico logró un alivio igualmente sustancial y duradero del estrés y la ansiedad entre las niñas.

“Las niñas que lograron interactuar con sus madres virtualmente tuvieron la misma respuesta hormonal, bien fuera que interactuaran en persona o por teléfono”, señaló en un comunicado de prensa Leslie Seltzer, autora del estudio y antropóloga biológica de la Universidad Wisconsin-Madison.

Seltzer y sus colegas informan sobre los hallazgos en la edición del 12 de mayo de Proceedings of the Royal Society B.

En el estudio actual no participaron niños. De hecho, el equipo de investigación sugirió que la regulación del estrés en realidad podría variar según el sexo y las mujeres podrían decidir fortalecer sus vínculos sociales como respuesta al estrés, mientras que los hombres podrían optar por una estrategia de huir o luchar.

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Un estudio halla que incluso los padres con más educación necesitan más ayuda con los regímenes farmacológicos que salvan vidas

LUNES, 3 de mayo (HealthDay News/DrTango) — Un estudio reciente sugiere que los padres con frecuencia cometen errores cuando administran medicamentos a sus hijos que tienen enfermedades crónicas.

“Administrar estos medicamentos exactamente de la manera correcta es vital y a veces salva las vidas de los niños que tienen afecciones crónicas”, señaló en una declaración la Dra. Kathleen E. Walsh, autora líder del estudio y profesora asistente de pediatría de la Facultad de medicina de la Universidad de Massachusetts.

Los autores del estudio alcanzaron sus conclusiones luego de visitar los hogares de 83 niños y adultos entre los 6 meses y los 20 años que tenían enfermedades crónicas. Los pacientes tenían cáncer, enfermedad de células falciformes y epilepsia.

Los investigadores revisaron 544 medicamentos y observaron 166 que se estaban administrando. Dos médicos dieron seguimiento analizando los resultados.

El estudio informa que las madres administraron medicamentos 79 por ciento de las veces, mientras que los padres apenas 7 por ciento de las veces. Otros cuidadores lo hicieron 14 por ciento de las veces.

A pesar del nivel superior de educación entre los padres, 37 por ciento tenía títulos universitarios y 12 por ciento tenía títulos de posgrado, hubo errores frecuentes. “Por ejemplo, visitamos familias que no usaron la jeringa adecuada para medir los medicamentos líquidos o un cortador para pastillas, lo que hacia que los niños recibieran muy poco analgésico o quimioterapia”, aseguró Walsh.

Los investigadores notaron 128 errores con medicamentos, como medicamentos para quimioterapia marcados de manera incorrecta y dosis insuficientes de analgésicos. De esos errores, 73 podrían haber perjudicado a los niños y 10 lo hicieron. (Un error fue causado por una etiqueta incorrecta sobre la dosis de quimioterapia, que indicaba seis tabletas diarias cuando se suponía que el niño debía recibir siete a la semana).

Los investigadores escriben que los padres necesitan ayuda para administrar regímenes farmacológicos complicados, incluso si tienen educación avanzada. “Si los padres o los cuidadores no están seguros de cómo administrar exactamente un medicamento, deben preguntarle al médico del niño”, sentenció Walsh.

El estudio debe ser presentado el lunes en la reunión anual de las Pediatric Academic Societies en Vancouver (Canadá).

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