Más de la mitad de los padres no percibe el sobrepeso de sus hijos

Written by salud familiar on December 17th, 2010 in Familia.


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Más de la mitad de los padres no percibe el sobrepeso de sus hijos

Lanzan una campaña para evitar los excesos alimentarios durante la Navidad.

En España se estima que un 14 por ciento de la población infantil padece obesidad y más del doble sobrepeso, una realidad creciente que sin embargo no percibe el 60 por ciento de los padres de estos menores, según datos presentados por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) con motivo de la XV edición del Día de la Persona Obesa, organizado junto con la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Esta falta de percepción se desprende de un estudio español, coordinado por el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) Fernando Rodriguez Artalejo, que ha publicado recientemente el ‘International Journal of Obesity’.

Según ha explicado el presidente de SEEN, Tomás Lucas, la percepción que tienen los padres de las morbilidades de sus hijos está “distorsionada” pese a que España se encuentra ya a la cabeza del ránking de obesidad infantil en Europa, con tasas similares a las de Reino Unido.

Además, el porcentaje de niños con obesidad está “muy cercano” al de Estados Unidos, donde padecen esta enfermedad el 15 por ciento de la población infantil, e incluso “todo apunta a que acabaremos superando” esta incidencia en los próximos años.
De hecho, añade este experto, “estamos ante la primera generación que puede llegar a vivir menos que quienes le preceden”.

En dicho estudio, además, también se expone que hay personas con obesidad y sobrepeso que no perciben este problema en si mismos. Así, hasta el 24 por ciento de estas mujeres no perciben su sobrepeso mientras que en los hombres, el porcentaje que “se ve normal” asciende hasta el 30 por ciento.

“Nos hemos apartado de la dieta mediterránea y, además, hemos disminuido el ejercicio”, reconoce el doctor Lucas, insistiendo en el “serio problema” que supone el sobrepeso y la obesidad ante las diversas enfermedades asociadas, tanto cardiovasculares como respiratorias e incluso cáncer.

«Come sano y cuida tu cintura»

Para ello, y ante los excesos alimenticios propios de la Navidad, SEEN y SEEDO han lanzado la campaña ‘Disfruta de la Navidad sin aumentar de peso. Come sano y cuida tu cintura’, con la que recuerdan que “se pueden festejar igualmente estas fiestas sin desatender un cierto control dietético”.

De este modo, ambas entidades abogan por cambiar lo menos posible os hábitos de alimentación, mantener una regularidad horaria para las comida y practicar 30 minutos de ejercicio físico diario, ya que así se puede “compensar las calorías extras de las comidas navideñas”.

Igualmente, insisten en “no dejar de tomar fruta”, evitar los picoteos y las salsas industriales, sustituyéndolas por otras caseras a base de hortalizas, hierbas aromáticas yogures desnatados o vinagretas.

larazon.es

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Los hermanos mayores son más propensos a intimidar a sus hermanos pequeños

Según un estudio italiano, las hermanas mayores suelen ser más protectoras

VIERNES, 5 de noviembre (HealthDay News/HolaDoctor) — Los hermanos mayores son más propensos que las hermanas mayores a intimidar a sus hermanos pequeños, halla un estudio.

Investigadores italianos estudiaron a 195 niños, de 10 a 12 años, cuyos hermanos tenían cuatro años o menos.

Los niños que tenían hermanos mayores eran más propensos a informar que sus hermanos les acosaban en casa. Los varones eran más propensos a la intimidación si tenían una hermana o hermano más pequeño. Las hermanas mayores eran más propensas a acosar a un hermano dependiendo de la calidad de la relación, y no por la edad, de acuerdo con el estudio.

Los hallazgos aparecen en la revista British Journal of Development Psychology.

“Es probable que las hermanas mayores sean educadas para ser responsables y protectoras con sus hermanos menores. Los hermanos mayores suelen ser más jerárquicos y buscan controlar estas relaciones mediante el acoso diario”, apuntó la autora del estudio Ersilia Menesini, de la Universita degli ‘Studi Di Firenze en Florencia, Italia, en un comunicado de prensa de la revista.

healthfinder.gov

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Adolescentes con depresión y estrés

Written by salud familiar on October 26th, 2010 in Familia, Jovenes.

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Adolescentes con depresión y estrés

Las exigencias académicas y la necesidad de sentirse aceptados son algunos de los factores que más influyen en el desarrollo de estos trastornos

En la adolescencia, problemas psicológicos como la depresión o el estrés no siempre se manifiestan con las señales características en los adultos. En muchas ocasiones, la depresión queda enmascarada bajo otros síntomas, como agresividad o irritabilidad. Por este motivo, se aconseja a los padres que estén atentos a los cambios de humor de sus hijos y fomenten la comunicación con ellos.

Autor: Por JOSÉ A. RODRÍGUEZ
Fecha de publicación: 24 de octubre de 2010

La depresión y el estrés son dos de los problemas de salud más importantes en la actualidad. Y los adolescentes, inmersos en una etapa de cambios cruciales, también los sufren: uno de cada cinco padece sus consecuencias. El estrés es la respuesta automática y natural del cuerpo ante las situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes. El entorno está en constante cambio y hay que adaptarse de manera continua. Sin embargo, cuando el estrés es excesivo pueden desarrollarse problemas psicológicos, como trastornos de ansiedad o depresión.

Señales habituales

Entre las señales del estrés habituales en esta franja de edad figuran taquicardias, aumento de la agresividad, abuso de sustancias tóxicas, como el alcohol o las drogas, y el desarrollo de alguna enfermedad física. Como destaca Esther Calvete, profesora de psicología de la Universidad de Deusto, “el estrés responde a una situación de desajuste vital”. Esta situación que lo genera es muy variada: un examen en el instituto, discusiones con los amigos o la separación de los padres. Cuando el estrés es intenso, según las peculiaridades de cada individuo, pueden surgir síntomas de diversa naturaleza: ansiedad, depresión o conducta agresiva, entre otras.

Los síntomas de la depresión en los más jóvenes pueden ser diferentes a los manifestados por adultos. No es sencillo diagnosticar una depresión durante la adolescencia, ya que en esta etapa son habituales los altibajos en el estado de ánimo. Además, indicios tan típicos de la depresión como tristeza, problemas para dormir o falta de autoestima pueden estar enmascarados por una conducta desobediente, discusiones frecuentes, consumo de drogas, etc.

En estos casos, explica Calvete, los adultos pueden interpretar que el problema del joven es de una naturaleza distinta a la depresión, pese a que un diagnóstico correcto es el paso previo necesario para una intervención adecuada. El adolescente puede mostrarse triste y apático, aunque en ocasiones manifiesta irritabilidad y reacciona de manera brusca hacia las demás personas. “Estos cambios emocionales se acompañan de pensamientos negativos o falta de autoestima, se siente rechazado o sin esperanza de que las cosas mejoren. En ocasiones, los pensamientos incluyen ideas de suicidio”, añade la experta.

Sentirse aceptado

Durante la adolescencia, ser aceptado por los demás se convierte en una necesidad psicológica fundamental. Esta necesidad de aceptación tan intensa “se debe a los estereotipos y valores que caracterizan la cultura occidental”, considera Calvete. A las chicas se les enseña, en mayor medida, que es importante agradar a los demás, lo que implica tener un aspecto físico que guste. Algunas comienzan a deprimirse a raíz de comentarios negativos sobre su aspecto físico. En muchos casos, cuando se tiene la creencia de “necesito ser aceptada por los demás, sería horrible que me rechazaran…”, cada vez que se enfrenta a una crítica o al rechazo por parte de los demás lo pasa muy mal. Si estas situaciones se repiten de forma prolongada, pueden desarrollarse los síntomas depresivos.

Un joven que tiene problemas para que le acepten cambiará algunas de sus conductas. La psicóloga Sílvia Sumell afirma que algunas señales son indicativas de que un adolescente tiene problemas para que le acepten socialmente, como el hecho de que “nunca o muy pocas veces quede con alguien, no le llamen, no se conecte a ninguna red social como Facebook, tenga problemas con los compañeros de clase (peleas) o con los profesores (contesta mal, es desafiante, etc.), no le apetece quedar con nadie, se aburre o está más irritable que de costumbre, tiene alteraciones del sueño o del apetito, o empeora su rendimiento académico”.

De la misma manera, algunos estudios señalan que a partir de los 13 ó 14 años aumentan los casos de depresión de una forma muy acusada. Este incremento se prolonga durante toda la adolescencia. Las chicas se deprimen con más frecuencia que los chicos: al final de la adolescencia, la tasa de depresión del sexo femenino es el doble que la del masculino.

Presión académica, depresión y estrés

Una de las principales causas de depresión en la adolescencia es la exigencia por obtener buenas notas. Alicia López de Fez, psicóloga en Valencia, señala que los adolescentes se quejan de la presión académica, ya que llegan a la consulta con un gran sentimiento de inseguridad y con poca confianza en sus posibilidades. En las sesiones, ganan autoconfianza y las quejas por la carga de los estudios dejan de ser tales de manera progresiva. Si se ajustan las metas a los recursos, si se establecen metas realistas, la presión académica percibida es menor y la frustración, también.

Las quejas sobre la cantidad excesiva de deberes, exámenes o trabajos que entregar y muy poco tiempo son habituales. No obstante, Sumell afirma que “no hay una presión académica generalizada, sino que los jóvenes con problemas añadidos suelen percibirlo así y, a consecuencia, su rendimiento académico queda afectado”.

Esta presión no sólo es responsabilidad de los padres. Los expertos coinciden en que hay una presión social que empuja a ser cada vez más y más competitivos. Quienes no tienen una vocación clara o están desmotivados con los estudios, pueden sufrir más. “Acuden a la consulta jóvenes sin vocación ni hábito de estudio que sobreestiman sus cualidades y que no son capaces de reconocer que sin fuerza de voluntad y sacrificio no lograrán empezar, o terminar según los casos, sus estudios universitarios”, explica López de Fez.

Por otro lado, una de las principales consecuencias de la actual crisis económica es el futuro laboral que espera a muchos de ellos. La falta de perspectivas en este terreno es un factor estresante en el final de la adolescencia y puede provocar problemas como ansiedad o depresión.

FOMENTAR LA AUTOESTIMA

El autoconcepto es la imagen que se tiene de uno mismo y la autoestima es la medida en que esa imagen gusta o no al propio individuo. La autoestima es positiva si la imagen que tiene una persona de sí misma es positiva. Sílvia Sumell explica que la autoestima se forma a lo largo de la vida según los comentarios que se reciben de los padres y de las experiencias que se viven. “Una de las funciones de las familia es ayudar a que su hijo tenga un autoconcepto de sí mismo equilibrado (adaptado a su realidad) y una autoestima positiva”, indica Sumell.

Esta profesional aconseja, en primer lugar, hacer uso del lenguaje de la autoestima: mejorar la comunicación con el adolescente y, para ello, emplear un lenguaje positivo y evitar acusaciones, ridiculizaciones y comentarios irónicos. Para que los progenitores contribuyan a fomentar una autoestima sana en sus hijos, aconseja:

  • Aceptarles tal y como son.
  • Descubrir qué tienen de especial y decírselo.
  • Tratarles con respecto y afecto.
  • Premiar sus éxitos y sus esfuerzos.
  • Ayudarles a aceptar sus propias limitaciones.
  • Colaborar para que se fijen metas razonables.
  • Ayudarles a conseguir el éxito social porque es básico para ellos.
  • Fomentar su autonomía mediante la confianza y permitirles asumir responsabilidades.
  • Entrenarles para solucionar problemas interpersonales.

consumer.es

Asma

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Estudio señala que más de dos horas diarias de televisión puede causar daño sicológico a los niños

La investigación realizada en Inglaterra concluyó además que el ejercicio físico no compensa el tiempo excesivo frente a la pantalla.

Los niños que pasan más de dos enfrente de una televisión o pantalla de computador al día son más propensos a sufrir daños sicológicos, advierte un estudio liderado por investigadores del Centro de Ejercicio, Nutrición y Ciencias de la Salud de la Universidad de Bristol, Inglaterra.

El proyecto denominado PEACH estudió a mil niños de entre 10 y 11 años, en el cual se midió el tiempo que pasaban frente a una pantalla y lo comparó con su bienestar sicológico. Los resultados revelaron que los niños que miraban menos televisión eran más felices que los que lo hacían de manera habitual.

El bienestar sicológico infantil se evaluó sobre la base de un cuestionario de fortalazas y dificultades emocionales, referente a sus compañeros y conducta.

Los científicos concluyeron además que no existe evidencia de que el sedentarismo cause efectos sicológicos negativos, como lo hace la televisión, ya que, incluso, los niños que tenían actividad física más moderada fueron mejor evaluados en ciertas áreas emocionales y de sociabilidad, aunque les fue peor en temas algunos de conducta, como la hiperactividad.

“Ver televisión o jugar videojuegos durante más de dos horas al día está directamente relacionado con mayores dificultades sicológicas, independientemente de si los niños realizan actividad física o no”, señaló al periódico británico Daily Mail la doctora Angie Page, principal autora del estudio.

La autora señaló que con las conclusiones obtenidas no se quiere desincentivar la actividad física en los niños, pero sí puntualizar que el ejercicio no compensa el tiempo de pantalla excesivo. “Los niños deben mantenerse activos para tener buena salud y reducir sus horas de televisión y videojuegos”.

latercera.com

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El abuso de los reproductores de MP3 es una causa probable, según sugiere un destacado experto

Por Steven Reinberg
Reportero de Healthday

MARTES, 17 de agosto (HealthDay News/HolaDoctor) — Investigadores informan que la cantidad de adolescentes estadounidenses que experimentan pérdida de la audición aumentó en cerca de treinta por ciento de 1988 a 2006, lo que implica que uno de cada cinco adolescentes ya ha perdido algo de audición.

Este hallazgo “es aleccionador”, comentó Paul R. Kileny, profesor y director de audiología y electrofisiología del Sistema de Salud de la Universidad de Michigan, quien no participó en el estudio.

La pérdida de la audición entre adolescentes, señaló Kileny, no se debe a mayor exposición a los ruidos fuertes ni al uso prolongado de ciertos medicamentos “porque [los adolescentes] son demasiado jóvenes para manifestar los efectos de estas exposición o pérdida de la audición relacionada con el envejecimiento”.

En cambio, dijo, la pérdida probablemente “se pueda explicar por el estilo de vida y los hábitos. En su mayoría, probablemente se relaciona con el aumento en el uso de dispositivos reproductores de MP3 portátiles”.

Para el estudio, investigadores dirigidos por el Dr. Josef Shargorodsky, del Hospital Brigham y de Mujeres de Boston, recolectaron datos sobre 2,928 adolescentes que participaron en la Tercera Encuesta Nacional de Salud y Examen de la Nutrición (Third National Health and Nutrition Examination Survey), realizada entre 1988 y 1994.

Compararon a estos adolescentes con 1,771 que participaron en la misma encuesta entre 2005 y 2006.

Entre el primer grupo de adolescente, 14.9 por ciento presentaba algún tipo de pérdida de la audición en al menos un oído. Sin embargo, los investigadores hallaron que entre los adolescentes del estudio más reciente, la cifra había aumentado a 19.5 por ciento, lo que representa a cerca de 6.5 millones de adolescentes, un aumento de 31 por ciento.

La mayoría de la pérdida de la audición fue ligera y probablemente no fue notada por los adolescentes. Además, entre 2005 y 2006, la mayoría de la pérdida de la audición se limitó a las altas frecuencias (16.4 por ciento). Apenas 9 por ciento de los adolescentes presentaba pérdida de la audición de bajas frecuencias, anotó el equipo de Shargorodsky.

Además, la pérdida de la audición se presentó principalmente en un oído (11.1 por ciento entre 1988 y 1994, y 14 por ciento entre 2005 y 2006). Los investigadores hallaron que la pérdida de la audición en ambos oídos fue de 3.8 por ciento en el estudio anterior y de 5.5 por ciento en el estudio más reciente.*

Sin embargo, entre los adolescentes de 2005 y 2006, la cantidad que tenía pérdida de la audición “leve” o “peor” fue 77 por ciento superior que entre los adolescentes del grupo de 1988 a 1994. Agregaron que era menos probable que las niñas presentaran pérdida de la audición.

El aumento en la pérdida de la audición no se relacionó significativamente con antecedentes de infecciones auditivas, exposición al uso de armas de fuego o exposición a ruidos fuertes cinco o más horas a la semana. Sin embargo, los adolescentes de familias que vivían por debajo del umbral federal de pobreza tenían más probabilidades de presentar pérdida de la audición que los adolescentes que vivían por encima de él, señalaron Shargorodsky y sus colegas.

“Hacen falta más estudios para determinar las razones para este aumento y para identificar factores de riesgo potencialmente modificables para prevenir el desarrollo de la pérdida de la audición”, concluyeron los autores en el informe que aparece en la edición del 18 de agosto de la Journal of the American Medical Association.

Aunque se desconocen las razones que subyacen al aumento de la pérdida de la audición, Kileny recalcó que la explicación posible son los dispositivos de música portátiles. Pasar varias horas escuchando música a alto volumen puede perjudicar la audición, sobre todo de las frecuencias altas, aseguró Kileny. “Escuchar música a un nivel razonable definitivamente no hace daño, pero si sus auriculares son del tipo que se introduce en los oídos, nadie puede saber cuál es el nivel de volumen al que está escuchando”.

Además, la compresión de la música para los archivos MP3 ha eliminado los altos y los bajos dinámicos de la música. “En otras palabras, la música, que generalmente tiene picos y valles, principalmente sólo tiene picos”, aclaró Kileny. “Debido a eso, todos los sonidos son fuertes”.

Kileny aseguró que la cantidad de pérdida de la audición es mínima, pero anuncia lo que está por venir.

“Es más un indicador de lo que se avecina. Cuando se ha creado en el oído interno un ambiente de esta naturaleza, tiende a ser progresivo”, dijo. “Con el tiempo, se puede esperar que la pérdida de la audición sea significativa”.

Kileny sugiere que la gente ponga el nivel de volumen automático del reproductor MP3 en un nivel seguro, lo que puede prevenir que la música sea demasiado fuerte y cause pérdida de la audición. Anteriormente, Kileny había definido el nivel como aquel que permite escuchar una conversación mientras se usa el dispositivo.

healthfinder.gov

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Pasar más de dos horas al día delante del televisor o de la consola aumenta un 67% el riesgo de sufrir problemas de concentración en niños y adolescentes

La televisión y los videojuegos consiguen entretener a los niños durante horas. Logran que se diviertan y, en algunos casos, aprendan. A pesar de cumplir con todas las funciones por las que fueron creados, los videojuegos y la televisión no han dejado de reunir criticas desde los más diversos sectores. Un estudio reciente empeora el escenario: los jóvenes y los adolescentes, además de los más pequeños, son también víctimas. No obstante, depende de cómo se use.

* Autor: Por NURIA LLAVINA RUBIO
* Fecha de publicación: 16 de agosto de 2010

Los videojuegos se asocian a un mayor riesgo de problemas de atención tanto en menores como en adolescentes y jóvenes. Así concluye un estudio que asegura ser el primero con suficiente evidencia científica y con un gran número de participantes. Hasta ahora, se había investigado la probabilidad de sufrir problemas de concentración por culpa de ver demasiada televisión que se manifiestan en la escuela con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), aunque sólo uno había contado con la participación de jóvenes de 16 años.

No obstante, según Edward Swing, investigador principal del trabajo publicado en la revista “Pediatrics”, pocos son los estudios que habían evaluado esta misma capacidad de desconcentración por parte de los videojuegos. El gran número de participantes se debe a dos muestras, una de 1.323 menores de 6 a 12 años de 10 colegios distintos, y otra de 210 universitarios de entre 18 y 32 años. Todos los participantes notificaron el tiempo dedicado a la televisión y a los videojuegos los fines de semana (para los menores, los informadores fueron los padres) durante 13 meses de seguimiento. Los problemas de concentración se evaluaron mediante cuestionarios. En el caso de los alumnos de menos edad fueron respondidos por sus profesores, mientras que los universitarios rellenaron ellos mismos este tipo de prueba.

Los resultados constatan que quienes invertían más de dos horas al día delante de la televisión o viendo videojuegos registraban un 67% más de riesgo de padecer problemas de atención. Los resultados son parecidos tanto por grupos de edad como por el tipo de tecnología más usada, bien sea la televisión, bien sean los videojuegos.

Los investigadores afirman que son muchos los motivos que acompañan al desarrollo de problemas de atención y concentración, más allá de las horas de exposición ante las pantallas. La educación recibida de los padres, las actividades al aire libre y la manera en la que pasan las horas con la televisión y los videojuegos (solos o acompañados, entre otros), pueden ser aspectos también importantes. Sea como sea, desde la American Academy of Pediatrics se recomiendan limitar a dos horas diarias la exposición a las pantallas.

La otra cara de la moneda

La mala fama acompaña a la televisión desde que se cruzó el límite y se pasó de lo recomendable a lo abusivo. Sedentarismo que lleva a la obesidad, alteración de la conducta al visualizar imágenes violentas?… En la revista “Pediatrics” se publicó en 2004 un estudio de la Universidad de Washington con una sentencia contundente: cada hora delante de la pantalla es un riesgo adicional para que el niño desarrolle problemas de atención. Y los videojuegos, más contemporáneos, han seguido un camino parecido. También se han asociado a sedentarismo y a conductas violentas y, ahora, a falta de atención.

Pero la televisión ha demostrado ser también un valor educativo en sí mismo, tanto por la emisión de programas educativos como por la capacidad de visionarla de modo crítico, al lado de los progenitores, dejando de lado su función de “canguro”. Y, de nuevo, los videojuegos muestran una sinergia importante con ella. En los últimos años los videojuegos han resultado ser un posible recurso educativo en el colegio.

Sin ir más lejos, un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva ha publicado un trabajo en el que destaca la utilidad de los videojuegos para la enseñanza de las ciencias sociales. Con estos recursos no sólo mejora el proceso de enseñanza, sino la predisposición de los alumnos a acceder a la información por aprender. Los mismos investigadores han definido a los videojuegos como “laboratorios para experimentos sociales”.

Debido a la influencia de estas tecnologías en el desarrollo cognitivo del individuo, es importante que los adultos conozcan tanto los prejuicios como los beneficios que de ellas se pueden extraer para sacar el máximo provecho. Es importante conocer el contenido de los videojuegos y de los programas de televisión con el fin de adaptarlos a la edad de los hijos y asegurarse de que no sean sexistas, violentos o racistas; fomentar la participación tanto delante del televisor como en los videojuegos, con partidas de más de un jugador; limitar el tiempo diario de dedicación; diversificar programas y juegos; y, sobre todo, involucrarse durante el videojuego o el programa televisivo.

LOS JUEGOS DE OTRAS GENERACIONES

Una investigación reciente llevada a cabo por la Fundación Alimentum, entidad sin ánimo de lucro que estudia el ejercicio de niños y adolescentes en el ámbito escolar, muestra que el 40% de los 1.515 progenitores madrileños encuestados cree que los juegos de su infancia eran más saludables que las fórmulas de entretenimiento actual. Estas mismas personas creen que la reducción del ejercicio físico se debe sobre todo al ocio pasivo, como los videojuegos o la televisión.

Si bien el 98% remarcan la importancia de que sus descendientes practiquen ejercicio a diario, apenas la mitad afirma que sus hijos dediquen más de una hora al día de deporte.

consumer.es

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Una encuesta relaciona la pubertad con comportamientos violentos

Written by salud familiar on July 14th, 2010 in Familia, Jovenes.

Un estudio australiano y estadounidense halla que la etapa intermedia de la pubertad es un periodo problemático

Por Madonna Behen
Reportera de Healthday

LUNES, 12 de julio (HealthDay News/HolaDoctor) — Un estudio de gran tamaño realizado por investigadores de Australia y Estados Unidos sugiere que la pubertad puede relacionarse con un incremento sustancial en el comportamiento agresivo y violento a nivel social.

Investigadores del Instituto de Investigación Infantil Murdoch del Real Hospital Infantil de Melbourne y la Facultad de trabajo social de la Universidad de Washington examinaron los datos de una encuesta de casi 6,000 niños de 10 a 15 años e informaron que las probabilidades de que un niño actúe con violencia son casi tres veces mayores si el niño se encuentra en la parte intermedia y final de esta etapa tan volátil en la vida en comparación con la primera etapa de la adolescencia.

“La pubertad es un periodo de transición para la juventud, tanto a nivel biológico como social”, dijo la autora principal del estudio Sheryl Hemphill, investigadora asociada del Instituto de de Investigación Infantil Murdoch. “Es importante que los padres mantengan una comunicación abierta con sus hijos y que les den la oportunidad de participar en actividades positivas para evitar la violencia y la agresión”.

Para el estudio, Hemphill y sus colegas examinaron los datos de una encuesta de un grupo de estudiantes seleccionados de forma aleatoria de quinto, séptimo y noveno grado de Victoria, Australia y el estado de Washington. Se entrevistaron aproximadamente a 1,000 estudiantes de cada grado en cada ciudad entre 2002 y 2004. El comportamiento violento se midió al analizar la respuesta de los estudiantes a dos preguntas: con qué frecuencia durante el año anterior el estudiante atacó a una persona con la idea de herirla gravemente o si golpeó a alguien tan fuerte que la persona necesitó tratamiento médico.

La encuesta también evaluó la así llamada “agresión social/ relacional” al preguntar a los estudiantes con qué frecuencia durante el año pasado habían perjudicado a otro estudiante al no dejarle entrar a su grupo de amigos o si habían contado mentiras o iniciado rumores sobre otra persona con el objetivo de provocar su rechazo entre sus otros amigos.

Los investigadores encontraron que tener amigos antisociales y un hogar disfuncional parecía incrementar las probabilidades de estos problemas, pero que la asociación entre la pubertad y los problemas de conducta se mantenía incluso después de ajustar estos factores.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 12 de julio y en la edición impresa de Pediatrics.

“El estudio aporta ciertamente algunos resultados importantes que se deben seguir estudiando”, señaló Mary Alvord, psicóloga clínica en un centro privado de Rockville y Silver Spring, Maryland. Aunque advirtió que una limitación clave de la investigación fue que determinó si la conducta era violenta y agresiva socialmente sobre la base de dos puntos, “así que es importante que no se generalicen los resultados”, agregó.

“Mis observaciones en los últimos años son que, aunque los niños de menor edad se pelean y se dan golpes entre ellos, las consecuencias no son tan graves como en los niños más grandes porque los adolescentes suelen estar menos vigilados y controlados por los adultos, por lo tanto se dejan influenciar más por sus pares y son más propensos a reaccionar de forma exagerada”, anotó.

Alvord estuvo de acuerdo con Hemphill sobre la importancia de que los padres se involucren en esta etapa del desarrollo. “Hable siempre con su hijo adolescente sobre cómo le van las cosas, de sus frustraciones, fracasos, éxitos, intentos y esfuerzos. Con frecuencia, conducir con ellos a cualquier lugar resulta en una buena conversación porque están más receptivos”, destacó.

También recomienda a los padres que presten mucha atención a los amigos de sus hijos. “Una investigación mostró que los adolescentes son menos propensos a la violencia cuando los padres monitorizan las interacciones con sus iguales y sus actividades. Con frecuencia, esto implica hablar con otros padres para saber lo que hacen los amigos de sus hijos”, señaló.

healthfinder.gov

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